De la ciudad al campo: la travesía de una Fellow en busca de oportunidades de cambio

FELLOWS DE ACUMEN EN COLOMBIA: 2019

El mundo está pidiendo un cambio a gritos. Marchas, plantones y representaciones artísticas han sido los instrumentos de este clamor. En Colombia, un país en donde la desigualdad ha sido la realidad a la que muchos se han enfrentado, existen personas como Nazly Ortíz, que, con deseos de cambio similares, ha decidido ponerse “manos a la obra”. A partir de sus experiencias, Nazly ha logrado tomar fuerzas y combatir la desigualdad apostándole a la juventud en el campo colombiano. 

Desde que Nazly se dio cuenta que el poder colectivo es más fuerte que el individual, decidió apostarle a los jóvenes rurales que día a día transforman su territorio. Desde hace casi tres años, en su organización Planeta Rural, busca empoderarlos a ellos y a sus comunidades para la construcción de un campo próspero y sostenible. 

Nazly, a pesar de no ser precisamente de una zona rural de Colombia, nació y creció en Fusagasugá, la Ciudad Jardín, la tercera ciudad más poblada del departamento de Cundinamarca, y municipio cercano a Bogotá. Recuerda una niñez muy ligada al campo, viendo a su abuela recoger los granos de café en su casa. En su familia, la situación económica no era la mejor, y esto, sumado a que en el país solo el 10% de los jóvenes de estratos más bajos logran llegar a la universidad, hizo que elegir su camino no fuera fácil. Sin embargo, a través de grandes esfuerzos y de una disciplina innegable, Nazly logró graduarse como administradora de empresas en la Universidad de Cundinamarca.

“Mis experiencias me han permitido identificar lo que es vivir en un contexto de injusticia social. No directamente en el campo, pero sí en la ciudad. Afortunadamente, estos aprendizajes me permitieron valorar más lo que tenía y hacer un esfuerzo extra para acceder a mejores oportunidades”. Al terminar su carrera y después de trabajar un tiempo como profesora de emprendimiento en un colegio con jóvenes de 6° a 11° de secundaria,  decidió aplicar a una convocatoria en el Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA) y se vinculó en un programa de emprendimiento juvenil rural. “Este trabajo me permitió ver la realidad del país y relacionarme con ella. Entender el sentido comunitario de estos jóvenes y el amor por su territorio me hizo cuestionarme cuál era el significado de la palabra servir. Hacer las cosas por convicción y no por obligación realmente hacen la diferencia”. 

Cuestionarse y reconocer que algo no está bien es una característica de un agente de cambio, retar al status quo, incluso si eso implica arriesgar la vida. “Cuando visitaba estas comunidades lo hacía porque era mi trabajo y por eso me pagaban. Pero cuando empecé a conocer a estos jóvenes que sin esperar nada a cambio, estaban tan comprometidos con su comunidad y territorio, entendí lo que para ellos significaba servir”. Nazly entendió que su rol debía cambiar y que la vida le estaba mostrando un camino.

El pasar tanto tiempo al lado de los jóvenes, permitió que Nazly se sintiera identificada y tomara la valentía para generar un cambio drástico en su vida. Pasar de empleada a emprendedora, sin tener muy claro entonces lo que eso implicaría pero con la convicción de que era algo que estaba particularmente bien equipada para hacer: “me siento afortunada de poder saber qué es la pobreza porque la viví y, muy de la mano sé lo que es sentirse menos y es algo que muchos jóvenes que viven en el campo sienten al no tener las mismas oportunidades de las personas que residen en zonas urbanas, así que por eso empecé con Planeta Rural”. 

Ser mágister en estudios interdisciplinarios de desarrollo de la Universidad de los Andes y tocar temas relacionados al desarrollo, le dieron luces a Nazly de que la pobreza es producto de cómo funcionan las cosas actualmente en la sociedad. Y es clave afirmar que tanto ella como Planeta Rural ven la pobreza como “la falta de capacidades para poder acceder a educación, salud, vivienda, alimentación y seguridad de calidad”. 

El campo colombiano necesita a los jóvenes y los jóvenes necesitan más oportunidades

Planeta Rural inició con muchos de los jóvenes a quienes Nazly conoció en su trayectoria en el sector público. Jóvenes, quienes a pesar de estar en un contexto vulnerable, donde tomar malas decisiones puede traer repercusiones fatales, desafiaron lo preestablecido e iniciaron a trabajar en comunidad para así transformar la realidad de sus territorios. Enfocados en fortalecer las capacidades de las zonas rurales en un contexto de nueva ruralidad, en Planeta Rural le apuestan a soluciones innovadoras que hacen frente a problemas como la insuficiencia alimentaria, el deterioro ambiental y la migración y pobreza rural.  Decididos a “destruir la pobreza” buscan jóvenes muy arraigados a su territorio con ganas de generar un cambio y quienes solo necesitan un impulso para así lograr la construcción de un campo próspero y sostenible para el buen vivir de las familias campesinas. “Nos gusta enfocarnos en jóvenes desde cero, en chicos y chicas que tienen una alta probabilidad de crear un negocio sostenible, pero que se le dificulta por no tener acceso a recursos económicos o formación académica”. 

Impulsar pequeños agentes de cambio no es posible si no hay un interés en desarrollar habilidades de liderazgo, las cuales son necesarias para movilizar a toda una comunidad y crear en sí un cambio sistémico. Por esto Planeta Rural tiene satélites: unos capitanes que enlazan a la organización con el territorio. Ese es el caso de Mara, una joven rural del corregimiento de Guaymaral en Bolívar, quien junto a 10 jóvenes de diferentes familias encontraron en la apicultura un modelo de negocio sostenible que busca disminuir la condición de vulnerabilidad en su comunidad. Como Mara hay 10 capitanes más en departamentos como el Meta, Antioquia y Córdoba (por mencionar algunos) que por medio de sus iniciativas y liderazgo están generando cambio en sus territorios. 

Decidir qué priorizar entre generar recursos para seguir operando o impactar socialmente ha sido un dilema al cual se han debido enfrentar miles de agentes de cambio al trabajar en el sector social. Planeta Rural no es la excepción. Nazly como miembro de la primera cohorte de Fellows de Acumen también lo ha vivido: “la mayoría de emprendedores sociales al tercer año de tener su emprendimiento renuncian. Es frustrante tener que decir no a un jóven que te venga a buscar por no tener los recursos para apoyarlo en el momento, pero lograr manejar estas situaciones ha sido uno de los principales aprendizajes que me ha dejado el Programa de Fellows de Acumen. Lidiar con la incertidumbre, aprender a delegar, confiar y adaptarse al cambio ha sido lo que más he logrado aplicar en mi organización y los frutos de este voto de confianza han sido evidentes. Mara es el resultado de uno de esos saltos al vacío y de confiar en el proceso que pide el Programa”.  

Ver esperanza donde otros no la ven es lo que hacen los Fellows de Acumen. Transformando, no solo las comunidades con las que trabajan, sino logrando ir más allá, creando una transformación personal que les permite reconocer la realidad en la que viven y también ver lo que podría ser, apostándole así a un cambio que sí es posible.

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Acumen es una organización pionera que busca abordar de una manera disruptiva los retos de la pobreza y la desigualdad a través de dos grandes apuestas: Por un lado, la gestión de fondos de inversión de impacto dedicados a apoyar el crecimiento de modelos de negocio innovadores que tengan simultáneamente un alto potencial de mercado e impacto social. Por el otro, le apostamos a crear una masa crítica de agentes de cambio social con las habilidades, los valores y el poder de cambiar la narrativa de la región.  Con estas dos líneas de acción buscamos catalizar la transformación de nuestra sociedad.

Este artículo hace parte de nuestra segunda apuesta.

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